"Las tres caras de la luna"

Imagina un país  como la Unión Soviética en su mejor momento con Stalin a la cabeza, y el gueto judío de cualquier ciudad de la Alemania nazi. Mézclalo en su versión más heavy y obtendrás la "Patria", el lugar en el que vive el protagonista de esta novela.
Tras la desaparición de sus padres, Standish Treadwell  y su abuelo intentan sobrevivir  en unas circunstancias crueles y sin un ápice de libertad en el Distrito Siete, donde  viven los que no apoyan al régimen. Solo viene a aliviar su sufrimiento Héctor y su familia, sus nuevos vecinos.
La Patria está preparando el primer viaje a la Luna desde la tierra, para demostrar su poder al resto del mundo.
Un día la pelota de los dos chicos pasa por encima del muro de su jardín que les separa de un lugar prohibido y Héctor va a buscarla. Lo que allí descubre  puede hacer que se tambaleen los cimientos de la "Patria" y acabar con sus propias vidas.
Interesante novela ambientada en un imaginario 1956. Escrita en primera persona, la autora nos sumerge en la mente de Standish, un chaval con problemas de aprendizaje, pero menos tonto de lo que parece.
Se trata de una oda a la defensa -hasta con la vida- de la libertad y  la amistad, Pero como viene siendo lo habitual en literatura juvenil en los últimos años, la amistad entre Standish y Héctor de un paso más allá. Esto puede confundir afectivamente a los jóvenes que lo lean.
También tiene pasajes de gran violencia.
Autor: S. Gardner.
Título: Las tres caras de la luna
Título original: Maggot Moon
Editorial en España: Nube de tinta, 2013.
Valoración: Bueno (con inconvenientes)


     "No nos llevó mucho tiempo recoger lo que necesitábamos de casa, que consistía fundamentalmente en el revolver de papá. Era un arma con silenciador, todo un lujo, robada a un pulgón verde muerto. Subimos otra vez a la que antes había sido mi cocina. Es vez el abuelo no llamó a la puerta. El señor Lush vio la pistola y corrió  al lado de su mujer.
     Héctor sonrió.
     -¿Va a matarnos? -preguntó, con toda calma.
     El abuelo no estaba acostumbrado a mostrarse educado, y los formulismos le traían sin cuidado. No contestó, apuntó con la pistola y disparó contra la primera rata, que corría pegada al zócalo de la cocina, luego contra la segunda, después contra la tercera... no dejó de dispara hasta que hubo matado a siete cochinas ratas".

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