"Anna vestida de sangre"

Algunos muertos no se marchan  al otro mundo, sino que se quedan anclados a esta vida y atacan a los seres humanos.
Casio Lowood ha heredado de su padre el poder de "matarlos" y mandarlos al más allá. Por eso, tras la muerte de su padre a manos de un fantasma, viaja por Estados Unidos, armado con su cuchillo especial o athame  para acabar con ellos.
Un nuevo caso le lleva a una ciudad, donde una joven "Anna vestida de sangre", asesinada cincuenta años antes, acaba con todas las personas que entran en su casa.
Cas espera lo habitual: persecución, caza y muerte, pero unos chicos le tienden una trampa y lo atacan, dejándole solo y desprotegido en la casa de Anna. Anna, por alguna razón, le perdona la vida, y Cas se dará cuenta de que se trata de un fantasma distinto a los demás. Y por el que comenzará a sentirse atraído.

Si te gustan las historias de miedo de verdad, con espíritus, su ración de sangre, vísceras, miembros cortados e intestinos que se desparraman sobre el suelo: este es tu libro. Recomiendo no leerlo  por la noche, si se quiere dormir pronto.

La trama engancha desde la primera línea y te mantiene en vilo hasta la última. La autora está bien documentada sobre los temas paranormales y mágicos. Pero el uso que estos jóvenes hacen de la magia negra, puede llevar a frivolizar en estos asuntos tan, realmente, peligrosos. Acuden a la magia negra como el que juega un rato con la wii. La madre del protagonista también es una bruja, y parece tan normal como si fuera peluquera o agente de seguros.

Autora: K. Blake
Editorial en España: Alfaguara
Título original en inglés: Anna Dressed in Blood
Año de publicación en español: 2012.
Valoración: Muy bueno (solo recomendado a amantes del terror, sangre y vísceras).


"El pelo engominado delata que está muerto.
También la chaqueta de cuero, amplia y desgastada, aunque no tanto como las patillas. Y la manera en que mueve la cabeza incesantemente adelante y atrás al tiempo que abre y cierra el Zippo siguiendo el ritmo. Parece que forma parte de los bailarines de acompañamiento de West Side Story.
No obstante, tengo ojo para estas cosas. Sé en lo que hay que fijarse, porque me he topado con casi cualquier tipo de aparición y espectro que te puedas imaginar. El autoestopista ronda por un tramo de carretera lleno de curvas de Carolina del Norte, con vallas de madera sin pintar y una gran extensión de nada a ambos lados. Los conductores desprevenidos paran seguramente para escapar del aburrimiento, suponiendo que se trata de un estudiante que lee demasiado a Kerouac".


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