"Los perros de la Morrigan"

A la ciudad irlandesa de Galway llega la terrible Morrigan, reina de la guerra y la muerte, a liberar a la serpiente Olc-Glas y destruir el mundo.
Pejota es un chaval que vive en una granja de la ciudad y que por casualidad en una librería de viejo se encuentra un libro que encierra a la terrible serpiente. De camino a su casa comenzarán a ocurrirle cosas extrañas. Y sin darse cuenta liberará al temible animal.
Pejota y Brigit, su hermana, son los elegidos para acabar con Olc-Glas antes de que la Morrigan, acompañada de sus perros, la encuentre y recupere su poder perdido. No están solos, el dagda, el dios supremo, otras deidades y héroes irlandeses les ayudaran en su largo y duro camino.
Estupendo libro de género fantástico que compendia la historia de estos dos niños con los mitos y leyendas más importantes de Irlanda.
Aunque en la contraportada del libro lo comparen con Tolkien, no llega al nivel de las obras maestras de este autor único, pero sí al de Michael Ende y su "Historia interminable".
La escritora tardó diez años en escribirlo y se nota. Las descripciones son muy buenas, aunque en algunos momentos ralenticen la acción principal. La trama está  bien desarrollada y los protagonistas resultan muy simpáticos y tiernos.

Autora: P. O´Shea
Editorial en España: Siruela.
Valoración: Muy bueno.
Edad: A partir de 10 años.
Título original: The Hounds of the Morrigan.


     -"-Te aconsejo que tengas cuidado -dijo-; hay peligro en la encrucijada.
     -¿En la encrucijada de ahí delante? ¿Qué clase de peligro?
     -Aún es pronto para saberlo... pero lo hay.
     A Pejota sólo se le ocurría una clase de peligro. (...)
     Llegó a lo alto de una pequeña cuesta, paró y se apeó de la bici. La carretera descendía delante de él; y abajo del todo, no muy lejos, estaba la encrucijada.
     Y era exactamente la encrucijada de siempre.
     Nadie había allí.
     Todo estaba como de costumbre; el poste indicador, las cercas de piedra y unos cuantos árboles delgados y jóvenes que crecían en la esquina de uno de los cuatro campos que lindaban con la carretera. Eran demasiado poco para servir de escondite a un posible embaucador.
     Una sensación de desencanto empezaba a insinuarse a Pejota, hasta que se percató de que se hallaba en medio de un silencio mortal".


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