"Las obras escogidas de T. S. Spivet"


T. S. es un chaval de doce años que vive con su familia en un rancho de Montana (EEUU). Su padre es un cowboy que se dedica a cuidar la finca y su madre una científica que ha dedicado su vida a buscar, sin éxito, una especie de escarabajo. El propio T. S. es un genio superdotado que intenta entender su mundo cartografiándolo a través de mapas y dibujos.

Con ayuda de otro científico consigue un premio y una beca de una conocida institución de Washington, así que decide abandonar a su familia  y cruzar el país solo como polizón en un tren.

Novela muy interesante, muy en la línea de “La evolución de Calpurnia Tate” y “Flavia de los extraños talentos”, sobre jóvenes superdotados interesados por las ciencias y su descubrimiento del mundo adulto.

Pero este supera en el diseño a los anteriores, ya que los márgenes del texto están profusamente ilustrados con dibujos, mapas y anotaciones de una calidad increíble. Ilustraciones realizadas por el propio autor.

La lectura de la obra deja un sentimiento, no de melancolía o tristeza como en otros libros, sino de cierta amargura, y algunas tramas secundarias quedan abiertas, sin resolver, quizá de manera deliberada.

Puede resultar demasiado farragoso por los datos científicos para chavales demasiado jóvenes. Recomendable a partir de 17 años.

Hay una película basada en el libro.


Autor: R. Larsen

Editorial: Seix Barral

Valoración: Muy buena.




Me mandó callar con el dedo. Esperamos un rato y el teléfono sonó. Me dijo:

            -Siempre sale a las 23.12. Aún tienes algo de tiempo.

            -¿Cómo lo sabes?

            -Por la Línea Directa del Vagabundo.

            -¿Línea Directa del Vagabundo?

            -Ah, sí, eres novato. Se me olvidaba. Pues… las cosas han cambiado algo desde mis tiempos. Hoy en día los vagabundos también tienen acceso a la tecnología. Hay un tío en Nebraska que tiene acceso a la central de control, se supone que trabaja para la UP, pero nadie lo sabe con certeza, es todo medio secreto. Y lo que ha hecho es montar un servicio para los que vamos dando vueltas, de tal forma que puedes marcar el número de la Línea Directa y teclear la numeración del vagón –señaló el lateral de un vagón de mercancías-, y el servicio te informa de cuándo sale y hacia dónde se dirige. Muy útil.

            -Caray –contesté.

            -Pues sí –dijo-. Las cosas avanzan. La gente va aprendiendo. Los indios tenemos que enterarnos de qué va o nos quedamos en la cuneta.

            Metió la mano en el bolsillo y sacó un bolígrafo y un pedazo de papel. Anotó algo en el papel y me lo dio.

            -Esta es la Línea Directa. Úsala si te ves en un lío, pero si te descubren, quema el papel… o mejor, comételo.

            -¡Gracias! –le dije.

            -Oye, no hay de qué. Gracias por el silbato. La gente como nosotros que vamos sin rumbo fijo tenemos que cuidarnos los  unos a los otros.

            Me había convertido en uno de los que vamos sin rumbo fijo”.

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